Esta vida tan plácida me extingue...

De pequeña quería ser un ser ruidoso y decorativo...

martes, 6 de septiembre de 2011

Con esta boquita como...

Recuerdo que algún día leí un artículo, de una revista, que hablaba sobre lo mal que se ven las mujeres al decir grosería, que si poco femeninas, que si no le gustan a los hombres, que si se escuchan mal, que si no sé cuánto más.
En realidad nunca dije demasiadas groserías, y si lo llegaba a hacer era sólo en confianza, pero después llegó la universidad, y por alguna extraña razón, se me soltó la boca.
Es común en mi oir: ¿Qué te pasa cabrón? (creo que es de mis groserías favoritas). El punto es que empecé con una y luego otra y otra y otra y no paré, y no es que diga groserías todo el tiempo, pero si lo hago en confianza.
El otro día llego Brenda al departamento y yo estaba que me moría de coraje por una razón que en este momento ya olvide, intenté calmarme, ignorar mi enojo, intenté contar hasta diez, pero no pude. Y empecé.
Resulta que siempre que me enojo, estoy de malas, tengo coraje o algo parecido, empiezo a decir todas las groserías, hasta las que no me sé.
Allí me tienen gritando desde mi habitación hasta la habitación de Brenda:
-Ya estoy hasta la....cómo es posible que.....pero si supiera que yo....
Y ella sólo se reía.
Camine al refrigerador y seguí con mis groserías, una tras otra, dije hasta las que no me gustan...y entonces lo pensé.
-Ya no voy a decir groserías- le dije. Así que pensamos en una palabra que pudiera sustituir todas las obscenidades que salían de mi boca, algo que fuera contrario
-Di chocolate- me dijo Brenda...
Y volví a empezar: La chocolate esa, es una chocolate, cómo pudo chocolate, y el chocolate, pero yo chocolate, que se vaya al chocolate, que ya me tiene hasta el chocolate y que se olvide de chocolate… ¡chocolate, chocolate, chocolate!
Era algo completamente extraño, detrás de cada chocolate había un sentimiento de enojo que no era reflejado en tal palabra tan dulce.
-Esto no funciona-, y me enojo más.
Creo que entendí, las palabras guardan un sentimiento en sí, por eso no es lo mismo decir ¡Cálmate chocolate! a decir ¡Cálmate cabrón!, verdad.
Siempre que regreso con mis papás y hermanos escucho decir que soy una grosera y en la casa nadie tiene permiso de decir groserías más que mi mamá y yo.
Y a veces mi hermano me suele decir -¿Con esa boquita comes?
Pues sí...no hay más, me gusta decir groserías, las disfruto, sobre todo cuando me enojo, y algunos amigos comentan que en mi la groserías suenan bien.
Recuerdo el artículo que leí hace muchos años...se titulaba ¿Con esa boquita comes? no tengo más que decir.
¡Con esta boquita como!

5 comentarios:

Ibeth H. dijo...

Decir palabrotas te relaja, cuando salen de la boca mía, es como si un peso se eliminara de mí, claro que no digo muchas, sólo cuando me enojo, pero es un bálsamo para el enojo.
Ya que en casa está rotundamente prohibido decir cualquier palabrota, claro a excepción de mamá.
Aun así, de vez en cuando se me sale una que otra!

Pero de vez en cuando está bien cambiar de hábitos.

Saludos.

Canelita dijo...

Siento como si todo saliera de un jalón....
Tienes razón, siempre es bueno cambiar de hábitos, o al menos intentarlo no?
Pero creo que me gusta de vez en cuando gritar muy fuerte por un puente cercano a mi casa todas la groserías que me sé.
Gracias por pasar Ibeth

zuk2 dijo...

hey canelita!!! linda refleccion
jajaja creo que en mi no suenan bien las obsenidades, pero enseñarme como decirlas sin que estas afecten a los demas.... jeje saludos :*

Canelita dijo...

Pues Zuk2, en realidad pienso que la finalidad de las grocerías o palabrotas son el ofender a los demás, pero, no las utilizo como tal, puedes decirlas sin sonar mal, sin ofender necesariamente a alguien...sólo como un medio para desahogarte...quizás esta sea una mejor función.
Un saludo.

zuk2 dijo...

gracias... de hecho ya no ofendo a las personas canelita!!!!!!
pero creo ellas se ofenden tan solo de escucharme :( jeje abrazos que estes bien cuidate!!!!