Esta vida tan plácida me extingue...

De pequeña quería ser un ser ruidoso y decorativo...

martes, 27 de septiembre de 2011

Ahora sin ti

Siempre hay un momento para decir adiós, para soltar y dejar ir....uno inoportuno, uno exacto, uno triste, uno feliz....uno necesario.

 
Dormiré del otro lado de mi cama…

Llenaré tu espacio con mi cuerpo.

Tomaré dos tazas de café,

La tuya azucarada, la mía amarga.

Redención

Llevo días, o semanas, quizá meses, pidiendo por mi redención.
Pienso profundamente en cada paso que doy en mis acciones, en las acciones de los demás, en aquello que de una u otra forma me ha llegado a afectar. ¿Quién no ha pedido por su propia salvación?
Y me veo otra vez por la ciudad caminando con paso taciturno y distraído...ya no pienso a dónde voy, porque en realidad ya no lo sé, ya no pienso qué hago exactamente aquí, porque en el fondo lo entendí: sigo perdida.
Sigo perdida justamente aquí.
Y entre paso y paso se viene a mi mente el minuto del día en que pido por mi redención.
Por nuestra redención. Y sé que este escrito se lee pesado y melancólico, quizá porque en él guardo precisamente esos sentimientos, o tal vez sea porque a mí me parece que a eso suena la redención.
El punto es que sigo caminando, pidiendo. Se lo pido a mi Dios, el que creo con mis pensamientos, o aquél que me creó, y se lo pido al Dios en el que él no cree.
Y recuerdo esa conversación que más o menos dice así:
-Dios te castigó-
-Yo no creo en Dios.
-Pues entonces lo hizo el Dios en el que creo yo.
Y no es que lo relevante de esta plática pueril sea el castigo de Dios, más bien, la importancia y grandeza de mi Dios, si él en ese instante lo castigó, él en este instante nos puede redimir a los dos.
Que me redima, que me redima hoy mismo. Y qué acto es tan valiente para lograr dicha acción.
Lo sigo pensando y sigo caminando.
Y recuerdo lo desierto que ahora me parece el propio Distrito Federal (aunque ese es otro capítulo para contar). Es desierto no por la soledad, si no por la falta de agua ante mis impacientes ganas por saciar mi sed.
¿Y en dónde hay un oasis? Yo sé la respuesta, está en alguna estación del metro, escondida por allí, justo en el 404 de algún lugar en el mundo.
¿Dónde el oasis? En la redención, en la liberación de esta mala situación.
Y no es que no haya aceptado cada situación con recato, aunque muchas veces me he rebelado, la diferencia de este preciso momento es que sigo sin aceptarlo.
Y quizá con tantas palabras suelta, a ti lector, te he confundido, pues bien....piensa en ese momento que te encantaría no cambiar, sólo redimir...
Mi redención me salva de perder a una persona de mi lado, o quizá lo salva a él de que me vaya de su lado...
El problema es que tal vez, entre tantas letras escritas y cosas dichas, no merecemos hacer un instante ya lejano un momento cercano.
Sigo pidiendo por mi redención, por nuestra redención, se lo pido al Dios en el que  creo yo, se lo pido a aquél en que no crees tú.

martes, 20 de septiembre de 2011

Un sorbo de sorpresas o un puñado de desdichas

"Cuando no tengas nada que hacer y yo pase por tu cabeza, nadie podrá oirte así que piensa en mi como si me quisieras"...Nacho Vegas.

No se trata de que él y yo seamos almas gemelas, espíritus complementarios, medias mitades, nuestro otro yo....
Es sólo que él y yo compartimos la misma alma....es sólo que cuando estamos juntos el aire pesa menos....




La vida es un sorbo de sorpresas
Y yo soy una sorpresa para alguien.
Cierro mis ojos para trasportarme lejos
de aquí, para quitarme la pijama y quedar
desnuda sintiendo el viento de algún lugar
desconocido.
Es que a veces el pasado no te deja avanzar.
Abro los ojos para estar en los brazos de alguien
que no puedo olvidar...
en los brazos de alguien que no debo ni quiero olvidar...
La vida es un puñado de desdichas
y yo soy la desdicha de alguien.
¿Para qué cierro mis ojos?
Para quedarme ahí,
en los labios de alguien.
Alguien que no puedo pronunciar.
Alguien que quiero pronunciar.
Abro los ojos y me doy cuenta que no estoy desnuda...
no estoy en los brazos o en los labios de quien debo pronunciar.
Creo que el pasado te impulsa a avanzar.
Me equivoque.
No es la vida un trago de sorpresas ni un manojo de desdichas.
Soy yo, la de la pijama, una vida llena de todo lo que hay.
Puedo ser ternura o maldad.
Y hoy solo quiero ser la que busques.
Ahora lo sé, yo soy para ti
la que no puedes ni quieres olvidar.
Soy yo la que debes pronunciar.
Es el ayer que nos invita a llegar.
Hoy no quiero conocer a nadie.
Quiero reconocer a alguien.
Alguien con alma de ti.


martes, 6 de septiembre de 2011

Con esta boquita como...

Recuerdo que algún día leí un artículo, de una revista, que hablaba sobre lo mal que se ven las mujeres al decir grosería, que si poco femeninas, que si no le gustan a los hombres, que si se escuchan mal, que si no sé cuánto más.
En realidad nunca dije demasiadas groserías, y si lo llegaba a hacer era sólo en confianza, pero después llegó la universidad, y por alguna extraña razón, se me soltó la boca.
Es común en mi oir: ¿Qué te pasa cabrón? (creo que es de mis groserías favoritas). El punto es que empecé con una y luego otra y otra y otra y no paré, y no es que diga groserías todo el tiempo, pero si lo hago en confianza.
El otro día llego Brenda al departamento y yo estaba que me moría de coraje por una razón que en este momento ya olvide, intenté calmarme, ignorar mi enojo, intenté contar hasta diez, pero no pude. Y empecé.
Resulta que siempre que me enojo, estoy de malas, tengo coraje o algo parecido, empiezo a decir todas las groserías, hasta las que no me sé.
Allí me tienen gritando desde mi habitación hasta la habitación de Brenda:
-Ya estoy hasta la....cómo es posible que.....pero si supiera que yo....
Y ella sólo se reía.
Camine al refrigerador y seguí con mis groserías, una tras otra, dije hasta las que no me gustan...y entonces lo pensé.
-Ya no voy a decir groserías- le dije. Así que pensamos en una palabra que pudiera sustituir todas las obscenidades que salían de mi boca, algo que fuera contrario
-Di chocolate- me dijo Brenda...
Y volví a empezar: La chocolate esa, es una chocolate, cómo pudo chocolate, y el chocolate, pero yo chocolate, que se vaya al chocolate, que ya me tiene hasta el chocolate y que se olvide de chocolate… ¡chocolate, chocolate, chocolate!
Era algo completamente extraño, detrás de cada chocolate había un sentimiento de enojo que no era reflejado en tal palabra tan dulce.
-Esto no funciona-, y me enojo más.
Creo que entendí, las palabras guardan un sentimiento en sí, por eso no es lo mismo decir ¡Cálmate chocolate! a decir ¡Cálmate cabrón!, verdad.
Siempre que regreso con mis papás y hermanos escucho decir que soy una grosera y en la casa nadie tiene permiso de decir groserías más que mi mamá y yo.
Y a veces mi hermano me suele decir -¿Con esa boquita comes?
Pues sí...no hay más, me gusta decir groserías, las disfruto, sobre todo cuando me enojo, y algunos amigos comentan que en mi la groserías suenan bien.
Recuerdo el artículo que leí hace muchos años...se titulaba ¿Con esa boquita comes? no tengo más que decir.
¡Con esta boquita como!

domingo, 4 de septiembre de 2011

Me canse de vivir vestida

Viene a mi memoria alguna página de "Cien años de soledad"...García Márquez me habla de Remedios la Bella (bella se refiere a una hermosura del alma), esa mujer que le encantaba andar desnuda por todos lados y que se termino elevando.
Cuántos días he querido ser como Remedios la Bella.

Ya no puedo andar como ayer
Me canse de vivir vestida
Me canse de la blusa rosa, los zapatos negros,
Del pantalón azul, las calcetas a rayas…
Me canse de vivir vestida.
Hoy ya no soy la misma
Me desnudo y así ando por la vida
Y dejo que todos conozcan mi ser
Porque yo quiero conocer el viento, el calor,
El frío, la lluvia.
Quiero una nueva sensación
Quiero que se meta en mi piel, y sentirla en lugares desconocidos.
Porque me he cansado de vivir vestida.
De pensar en tonterías
De estar bajo modas y caminos que otros han recorrido
Y no me importa si me dicen inmoral,
Prefiero hacerle caso a mi propia moralidad…
Y ya me voy quitando mis  botitas,
Mis calcetas, mi camisa
Y ya me voy sintiendo más libre, más limpia.
Y ya me voy quitando mi falda, mi fondo,
Y ya me voy sintiendo más ligera, más yo…más linda.
Y he terminado de escribir desnuda.
Ya no puedo andar como ayer
Porque me he cansado de vivir vestida.

viernes, 2 de septiembre de 2011

El cumpleaños de Josefina.

Hoy es el cumpleaños de Josefina. Baje a las 14:43 del autobús, media adormilada y camine hasta la florería y pedí sus flores favoritas, cuáles otras que las rosas, rosas rojas, y camine hasta su casa pensando que seguramente alguien más ya le había llevado rosas. Acerté, cuando llegue había en la mesa más rosas rojas, esas que tanto le gustan, y corrí a abrazarla...
Felicidades Josefina.
Ahora estoy sentada frente a ella -¡Ay, mis flores están hermosas!- le escucho decir.
No hay como una conversación con Josefina, ella siempre sabe qué decir, a veces ríe conmigo, a veces me escucha, a veces me reclama y a veces seca mis lagrimas (ella sabe que odio llorar). Hoy tuvimos una conversación, empezamos con cosas triviales y terminamos hablando de cosas...esperen, aún no terminamos.
No hay como una conversación con Josefina.
No hay como cada año esperar este día, uno de los más importantes en mi vida.
¿Y el pastel?
Yo creo que el pastel será después, mañana tal vez.
¿Cuántos años cumple Josefina? ¿20? ¿30? 41, no menos, no más. 41 años de vida. 20 a mi lado...20 años cuidándome, amándome, impulsándome, ilustrándome, enseñándome...20 años.
A veces le pregunto si es feliz, Josefina siempre responde que sí...ella no cambiaría nada en su vida, y se lo agradezco, porque entonces tampoco cambiaría nada de la mía...
Hoy es el cumpleaños de Josefina, mi mujer favorita. ¿Por qué? Porque me parece muy sabia, muy fuerte, muy noble y sensible, muy grosera, muy explosiva...
Ya sé, porque es mi mamita.
Hoy es el cumpleaños de Josefina….Felicidades mamita…