a mitad de garganta,
como una llama de fuego
quemando mi interior
-de tanto no llamarte-
De buscarte
en un tiempo nuestro
más amable y basto:
De quererte
Quererte
Quererte.
De decirte te extraño,
de pedirte que estés,
que vengas,
que tu compañía fuera,
mis risas, mis lágrimas,
mis vergüenzas,
mi intimidad como regalo.
El silencio lleno de nuestra miseria,
de ti en mí,
y tus palabras a mi tristeza,
y a pesar de ella:
No nombrarte.
Sentir que me inundo,
que por más
por más,
por más,
por más,
tú no estás.
Haberte perdido,
y no gritarle al mundo tu nombre
que se cuela como eco,
como un dolor latiendo.
De estrellas en mi panza
Que suben a mi lengua,
Y allí se apagan...
tú no estás.
Haberte perdido,
y no gritarle al mundo tu nombre
que se cuela como eco,
como un dolor latiendo.
De estrellas en mi panza
Que suben a mi lengua,
Y allí se apagan...