Esta vida tan plácida me extingue...

De pequeña quería ser un ser ruidoso y decorativo...

domingo, 18 de diciembre de 2011

A usted: mi despedida

En forma de carta, como debe ser.

A usted: mi despedida


Oiga usted jovencito, vengo a hablar con usted.
Déjeme contarle que recientemente he hecho un viaje, un poco lejos de usted, muy cerca de mí.

Fui a conocer esa parte llamada alma y en mi viaje sentí que cambié.
Tuve que hacer un análisis muy minucioso y ahí lo encontré a usted.

Lleva mucho tiempo en mi vida, desgastándome el espíritu y la fe, y lo admito jovencito, que al inicio de todo este desparpajo me parecía que todo iba bien. Nunca tuve ningún problema en proclamar mi amor hacia usted, hemos pasado juntos muchos días, tardes, noches y  madrugadas.
Hemos repetido palabras, y mire qué hermoso, que nos hemos comido el alma.

Yo no niego jovencito que usted ha venido a cambiar mi vida, me ha deglutido y libado.
Y entre tantos inventos que hicimos juntos, y entre tantos besos y abrazos, y entre tantas comidas y tazas vacías, al fin lo entendí.
Verá usted jovencito, yo sé que en su boca y sus miradas me perdí. Perdí mis actos, mis palabras y con tantos desvaríos hasta el alma le di. Pero ahora que viaje, conocí mi espíritu y de paso lo reconstruí.

Y hoy vengo a agradecerle tanto y a decirle de frente lo que tengo atorado desde que volví.
La fecha de caducidad nos ha llegado, y es necesario el adiós. No un adiós triste y desolado, con lágrimas y desesperanza. No jovencito, simplemente un adiós.
Ya sé que no habrá palabras y que usted acepta mi decisión. Búsqueme años después en su memoria que allí siempre me quedaré, y búsqueme cuando me sienta perdida, cuando aprenda a valorar un alma herida.

Y para terminar con la despedida, a usted jovencito de cabello rimbombante, le pido una disculpa por en este mismo instante sacarle de mi vida.

Atentamente.
Canelita.

7 comentarios:

Ibeth Hache dijo...

Wow no sabes qué bien me viene leerte hoy.
Digamos que necesitaba leer algo así para agarrarle valor a las despedidas.
Para dar un adiós quizá precipitado, pero absolutamente necesario.

Me siento muy próxima a tu texto Canelita.

Un abrazo.

Canelita dijo...

Verás Ibeth, este escrito ya tiene algún tiempo, pero no me atrevia a subirlo por miedo a que en verdad hable de una despedida...
Y déjame contarte que es el primero de varios que hablan del adiós, sin perder la esperanza de que se vuelvan un simple hasta pronto, o por lo menos hasta luego.

Qué gusto que te sientas tan próximaquerida. Un abrazote!

Padrino dijo...

Hay que tener mucho valor para decir adiós a algo ó a alguien, pero tu manera de hacerlo me parce exquisita. Es razonada, templada y meditada. Definitiva diría yo, pero sobre todo hermosa.

Se valorar un alma herida y se lo que duele serlo por eso hoy te mando desde aquí el mayor de mis abrazos con todo mi cariño, sabiendo que curaras tu alma algún día.

Un beso Canelita.

Canelita dijo...

Querido Padrino... demasiado valor, que a veces siento aún no he juntado. Una despedida premeditada, demasiado pensada, obligada y ya advertida.

Gracias por tus buenos deseos, que te aseguro día a día voy cumpliendo.
Voy curando, voy sanando y sobre todo aprendiendo!

Un abrazote y un besazo!

"Romu" u (Omar) dijo...

Debo admitir estimadisima canelita! Que es una despedida con guante blanco, finísima, hasta me dan ganas de que me pase algo asi! Jeje no, mejor no, pero mas alla de eso, es un dolor de tiempo retardado que a medida que pasen los minutos el dolor aumentara y pasara de lo tibio al tormento, linda estrategia para asimilar una ruptura para no llorar y revolcar las vivencias en ese momento, sino para llegar a tu casa y una vez allí cumplir como debe ser el pacto de la humanidad con la impotencia y la frustración de algo que acabó

Padrino dijo...

Estoy seguro de que el valor te sobra, cada palabra que has escrito lo demuestra.

Una despedida siempre deja una herida que nunca cierra del todo, pero en la vida necesitamos aprender de nuestras cicatrices y por lo que dices lo estas haciendo. El problema es que siempre es duro, a veces demasiado.

Se que curaras estas cicatrices y además adivino, aún sin conocerte, que mereces ser feliz.

Nunca dejes que nada ni nadie te impida serlo.

Un beso enorme mi Canelita.

Canelita dijo...

Omar:
Definitivamente, me llego a sentir un tanto impotente, pero entera.
Eso es lo importante, gracias por describir mi despedida con guante blanco.
Aunque nunca faltan las ganas del asesinato...jajajaja.

Un gusto que sigas pasando por aquí.

Un Abrazo.

Padrino:
Lo único que puedo es agradecer tus finísimas palabras.

Un besote querido.